jueves, 14 de julio de 2011

Bestiario del Ensueño: Geniecillo del Capricho

Es como un picor incordioso, a la vez es como el tacto empalagoso del pelaje de un gato de angora. Ese dolor sutil, que va moviéndose de un lado a otro, por tu piel, cuando apenas puedes rascarte porque no existen uñas que lleguen tan hondo dentro de una especie de utopía de la dermis. Pues por dentro del pecho. Es como pequeño, y casi se diría, gracioso. Como un bailarín diminuto con zapatillas de medio punto confeccionadas con extremo de una aguja de sutura, estacando rítmicamente cada latido. Pero no es una angina, no. De pronto el bailarín tiene alas, que le brotan como las de un gusano de la lechuga. Y consigue que incluso te broten fuera de la espalda, y revoloteen tanto como para casi elevarte un centímetro del suelo. Pero la edad te ha hecho demasiado pesado, y ha de probar algo distinto. Vuelve a introducirse por tus costillas y se convierte en un hilo, una culebrilla eterna. Es complicado atraparle la cola, pero una vez que lo haces, sabes que tirar es destapar las fauces de una salamandra ignífera. Sólo te queda apretar los dientes y decidir en silencio, mientras, bailoteando dulcemente con sus taconcillos de espinas, la oportunidad te convierte la pared del estómago en un gruyère.