viernes, 16 de diciembre de 2011
Canto de gorriones
sábado, 3 de diciembre de 2011
Sueño de mármol (Llanto de la Ondina)
viernes, 14 de octubre de 2011
Retal de La creación
“...Entoncees creció como el humo, se liberó de las cadenas, y rugió. La hora había llegado.
Surgió de nuevo, como la piedra angular del mismo Odio. Como un volcán atravesando la tierra. Como el huracán y la tormenta. La venganza más temible y más antigua. Cada vuelta de su mano era una derrota colosal. Cada crujido de sus huesos, destrozados por los grilletes, un cataclismo. La sangre de su espalda tiznó los cielos de rojo en ese instante, y sus heridas se abrieron como estigmas entre las nubes de carbón. Sus gritos y sus llantos libaron el frenesí de la locura sobre las cabezas d todo ser viviente o inmortal: Regó la entre los cráneos que se quebraban contra la tierra y la arena. Los miembros cercenados por el relámpago salpicaron el germen de las bestias sobre la negrura: el fango fornicó con los gritos de los sobrecogidos para dar a luz a todos los demonios. Volaban por doquier como libélulas.
Mientras su pecho se llenaba con llamas, su boca se abrió con un redoble. Sus pulmones se vaciaban de una rapsodia nocturna, un aria frenética repleta de los coros de la desdicha. Su voz fue creciendo y creciendo sin cuento ni límite, y entre sus costillas se alojaron todos los torbellinos del vacío.
Todos los antiguos reyes, y el mármol, y el oro, y la gloria, el esplendor, y hasta la vida se hicieron horror, muerte, polvo: miseria. Miseria extendiéndose hacia lo inimaginable, retorciéndose en torno a un corazón vacío. Se elevó sobre el aire, creciendo en tamaño y en furia, sobre las olas, el mar, sobre todos los océanos, sobre el Cielo y todos los cielos y, por último, tomó su obra entre sus manos. Sus huestes informes (escamas de serpiente escarlata, ojos de furia humeante, patas de cabra azuladas y vientos de incontables frentes) alcanzaron la cima y se unieron a su majestad, y bendijeron con las llagas de sus lenguas la muerte y el alzamiento. Entre su índice y su pulgar cupieron todos esos prodigios: el Mundo, la creación debastada, contenida en un mínimo espacio, tan insignificante era tamaña labor de destrucción. El Dios Negro, anunciado por todas las profecías, con un mundo en ruinas en su mano derecha, más parecido a una baratija casi invisibe. Incluso acabó pareciéndose a una partícula de polvo o a un excremento de mosca.
Aquel ridículo Caos tuvo entonces nombre y tomó forma, y fue tan suyo como su alma y su cuerpo. Se había convertido un vacío irrepletable contenedor de todo el odio jamá imaginado. Como contenía toda su rabia y el resultado de sus más primitivas artes, era su centro y su apoyo, y nada era sin él. Era el “Átomo Oscuro”.
Pronto, aquel nombre fue temido por todos, y muchos pueblos fueron cayendo bajo aquella sombra repentina que, anegando cada valle y cada foresta con sufrimiento, rubricaba en la Historia un comienzo ahogado en tinieblas. La hierba se secaba con su avance, y el cielo se llenaba de aves de malos augurios. En un confín gélido y valdío a la contínua merced de la ventisca, con granitos apilados sobre cadáveres, se erigieron los torreones incontables del Bastión del Mal.
Pero, cuando toda esperanza parecía perdida, apareció el Salvador.
Las brumas más densas se congregaron en torno a la mirada de las Lunas, de breve agonía y ahogada muerte, sepultadas bajo el rayo y sus gritos enloquecidos de cólera. Sobre el flamante corcel, el Gran Liberador sostenía el arma mística que había de otorgarle la victoria. Del cielo cayeron infinitos chuzos de llamas. Las estarascas enjutas, brujas de la niebla y el pánico, murieron convertidas en milenarias cenizas, y sus gritos moldearon en el cielo los ojos y las manos, los colmillos y las peñuñas, la nariz de serpiente y los cuernos de mil cabras que eran miembros del Maligno. Apareció con las mil colas de bestia y el aliento de Muerte. Tenía entre sus dedos las cabezas de los miles de caídos: los ojos de los Antiguos, las voces de los Primarcas callaban en su mandato:
-¿Quien osa, quién, entre los confines de los Vientos y sobre las espaldas de los Mares y entre las piernas del Éter venir a invocarme a mí? Yo que he aniquilado a los Inmortales. ¡Yo que he callado a los Vociferantes, yo que he aplastado a los Inquebrantables!-y la muerte se llevó a una horda de aquellos ganaderos que escoltaban al Salvador en un remolino de furia-. Yo que de la rabia he hecho mundo y de la nada he hecho Destino, yo que he llamado a las voces Primigenias mis Hijas, hijas de la Destrucción -y de las entrañas de la tierra yerma y valdía, espumarajos de roca fundida se arrojaron sobre los corceles y las cabras-. Yo que hice de la inconmensurable Masacre una ínfima herramienta, yo que niego la grandeza, yo que empobrezco el esplendor, ¡Yo no me doblego a las órdenes de Nadie, sea bestia, demonio o Demiurgo! ¡De nadie! -los tornados enloquecieron y barrieron el polvo de todos los cadáveres, que en el viento sollozaron con un desasosiego tibio su inevitable destino-. Ven aquí, escalador de tronos, vendedor de hazañas a onzas de fama y de carne. cóbrate con tu misma sangre el pago por tu osadía, andrajoso campesino. Mucho he oido hablar de ti.
Y una mano sideral enguantada en hierro y oro proyectó sobre el mundo su sombra. El Paladín tomó el baño umbrío, blandiendo en alto su arma fulgurante. Levantó su visera y alzó la vista al cielo. El Amo Siniestro le arrojaba una zarpa cubierta de tinieblas. ¡Tan grande era, que en su palma y entre sus dedos se había erigido un reino entero, poblado de demonios!. En sus almenas pudo ver furias y dragones, aproximándose con la vista puesta en él. En las atalayas que caían destrozadas por la fricción de los vientos, un ejécito de demonios untados en óleos le saludaban.
Sonrió.
Y por todos es sabido que en ese momento en que todas las esperanzas habían sucumbido y todos los cánticos no eran sino salvas a la muerte, el Salvador tomó su filo prodigioso y lo arrojó hacia el horizonte. Tanta fuerza le sustrajo el hacha para poder arrojarse contra el Señor Oscuro, que incluso su esencia le fue en ello. Sus huesos se quebraron al unísono, sus brazos enflaquecieron de súbito, sus gritos se llevaron su cordura y su alma, su vida y su historia. No quedó sino yelmo y visera, que cayeron al suelo con lentitud entre despojos, sombras y ecos.
El vuelo del hacha, que rasgaba todos los vientos, cruzó su camino con el de las fieras que esperaban en los alféizares partidos, sobre los pilares derrumbados, tras las murallas hendidas. Escombros iba dejando a su paso entre la materia de las penumbras, hasta que dio en el mismo centro con el ínfimo orbe, escondido en la confluencia de mil recovecos. Y es por todos sabido, que lo imposible aconteció entonces: el Átomo Negro fue cortado en infinitos pedazos, y su infinidad a su vez quebró hasta la aniquilación la que desde entonces es llamada el Hacha Imposible.
No sosteniéndose ya sobre ninguna otra cosa, pues el Átomo había muerto, el Dios de las Tinieblas rugió y deformó sus ya grotesquísimos trazos. Sus truenos se hicieron chispas, sus aguas embravecidas, lluvia de rocío, y la mueca de horror sangrienta de su ocaso interminable dio paso tras negros telones a las mil risas de plata.”
jueves, 4 de agosto de 2011
Bestiario del Ensueño: El Artesano
"He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra".
Isaías 54:16
Les voy a presentar a un viejo amigo. Alguna vez todos le han visto ya, pero seguramente ninguno se acuerda de él. Nadie lo hace. Ni él mismo se acuerda de él. Si lo van a visitar, donde nada permanece, pero donde todo es eterno e intangible, lo encontrarán sentado y ensimismado. Su presencia les pasará casi desapercibida. Está cansado, porque ha vivido ya tanto... ¡Y apenas es un crío!
Sus manitas longevas y arácnidas, rápidas y hábiles, parecerán lastres pesados desplomados sobre los brazos de un sillón. Se pasa el día adormilado, sin más existencia ni vida que un jirón de tela en un trono de piedra. Suspendido en el vacío, con sus ojillos distantes contemplando un punto fijo, no se levantará a saludarles. Sus firmes labios no sonreirán. Es más, no hará movimiento alguno, y no respirará. Así se pasa la vida. O así, los más de sus días.
Pero no piensen que así se queda todo el tiempo, como un jirón de nube, como una estática bruma. Aunque ya es improbable, si acuden el día oportuno, observarán un espléndido espectáculo.
Sus globos oculares, casi siempre vacíos de luz, en ocasiones se encienden. Entonces los abre, sorprendido, arrebatado por un impulso insólito, tan familiar al mismo tiempo que se ha tornado extraño. Los carrillos se sonrojan, el sudor cubre su frente, y el aire corre de súbito por su garganta inocente. Ahoga un grito, se encoge, diminuto, dentro del sillón eterno.
Un relámpago se abre paso entre sus dedos menudos. A su diestra acude la Luz, y las Sombras a su siniestra. No sabe aún bien por qué, pero sólo cabe unacosa en su primitiva y simple mente: amasar.
Entre ambas manos retuerce una líquida penumbra, que con la grasa de sus palmas se va densificando. Rugen los fieros instintos, en la oscuridad profunda. Y las voces de la razón, iluminadas y pomposas, se ahogan y resurgen a cada movimiento de su mano. Ansioso e insatisfecho estruja sin parar la cosa que le ocupa.Pero al final, muy merecida, le viene una repentina calma, suspira.
Tras tomar algo de aliento, ve que ahora ha conseguido una homogénea forma de arcilla. Curioso, la mira, por todos los ángulos. Con las puntas de los dedos, le dibuja surcos y formas: relieves que rellenar con ambiciones e ideas.
Al final le queda un artefacto frío, con atrios y vientres: un corazón frío. Se incorpora.
Mira a través de los agujeros, y se encarga de que no haya ninguna forma suelta, ningún impulso sin ubicar, ninguna fuerza desmesurada. Sobre todo, se encarga de un frágil punto de fractura. ¿Para aliviarlo? ¡Nunca! Para hacerlo bien tierno, bien fácil de romper.
Y cuando todo está listo, sopla con el calor de su aliento de fuego. El calor hace latir su nueva creación, las llamas que crepitan trepan por cada junta, cada grieta, cada cavidad.
Sopla más: y cuanto más viento despliega, más rápido late el bicho. Sonríe, divertido, y sigue haciendo de fuelle.
Está contento: levanta las manos al cielo, y el fuego reordena sus llamas, la arcilla despliega sus velos.
El ave despliega sus alas, llameando con arrogancia, se va batiendo sus membranas, con la velocidad de un rayo. Apenas se vuelve a mirarle, apenas le dedica un trino: no escucha sus súplicas, ni sus sollozos ahogados, y con el restallar continuo de sus alas, se va volando hacia un oculto despertar.
¡Ingrata criatura! Se cae sobre el trono, compungido y hastiado, y se queda mirando en el vacío, allá donde se ha ido su obra, tronando en cada batir de alas, mientras estallan los latidos de su inocente corazón. Sus arácnidas manos se desploman sobre el eterno trono, y así queda. Si van a consolarle, no se levantará siquiea para saludarles. Si alguna vez quieren recordarle, porque una vez le conocieron, él habrá hecho todo lo posible por olvidarles, por olvidarse. Sus labios firmes no dejarán escapar ni una palabra, y ajado, vetusto y niño, nutrirá con su inocencia su poróxima idea. Permanecerá sentado, ensmismado en lo eterno y lo intangible.
Y así hasta que de él sólo queden las cenizas.
jueves, 14 de julio de 2011
Bestiario del Ensueño: Geniecillo del Capricho
sábado, 27 de febrero de 2010
Alicia en el País de las Maravillas: 15-IV-2010
Postrimerías del ingenio
El ingenio
En mi copa casi vacía
Heces de uva de rutina…
Yace en el cenicero
Suplicando, el genio
Se va, se esfuma, muere
Me percato y me entristezco
Y muero escribiendo,
Y mientras doy en ello
Una copla vacía
Va esfumándose en llanto…